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lunes, 10 de diciembre de 2012

El círculo del 99

Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones. Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.
Un día el rey lo mandó a llamar.
-Paje -le dijo- ¿cuál es el secreto?
-¿Qué secreto, Majestad?
-¿Cuál es el secreto de tu alegría?
-No hay ningún secreto, Alteza.
-No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.
-No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.
-¿Por qué está siempre alegre y feliz? ¿eh? ¿por qué?
-Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz?
-Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar -dijo el rey- Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.
-Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando.
-Vete, ¡vete antes de que llame al verdugo!
El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.
El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y ,alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.
-¿Por qué él es feliz?
-Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.
-¿Fuera del círculo?
-Así es.
-¿Y eso es lo que lo hace feliz?
-No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
-A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz
-Así es.
¿Y cómo salió?
¡Nunca entró!
-¿Qué círculo es ese?
-El círculo del 99.
-Verdaderamente, no te entiendo nada -dijo el Rey-.
-La única manera para que entiendas, sería mostrártelo en los hechos.
-¿Cómo?
-Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
-Eso, ¡obliguémoslo a entrar!
-No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
-Entonces habrá que engañarlo.
-No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará solo en el círculo.
-¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
-Sí, se dará cuenta.
-Entonces no entrará.
-No lo podrá evitar.
-¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará en él y no podrá salir?
-Tal cual. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
-Sí.
-Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos, 99!
-¿Qué más? ¿Llevo los guardias por si acaso?
-Nada más que la bolsa de cuero, Majestad. Hasta la noche.
-Hasta la noche.
Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía: "Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie como lo encontraste".
Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde detrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta y entró a su hogar.
El rey y el sabio se arrimaron a la ventana para ver la escena. El sirviente ingresó presuroso a su hogar y con su brazo arrojó al piso todo lo que había sobre la mesa, dejando sólo la vela. Se sentó y vació el contenido de la bolsa... Sus ojos no podían creer lo que veían. ¡Era una montaña de monedas de oro! Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar a la luz de la vela, las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis.... y mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60... hasta que formó la última pila: ¡9 monedas!
Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa. «No puede ser», pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.
-Me robaron -gritó- ¡me robaron!
Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro "sólo 99". 
«99 monedas es mucho dinero» pensó. «Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo» pensaba «Cien es un número completo pero noventa y nueve, no»
El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes. El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?
Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitaría trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico.
Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario. «Doce años es mucho tiempo» pensó. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en el palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello. Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. ¡Era demasiado tiempo!
Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender... vender... vender...
Estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno? ¿Para qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda número cien. El rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99.
Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando de pocas pulgas.
-¿Qué te pasa?- preguntó el rey de buen modo.
-Nada me pasa, nada me pasa.
-Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
-Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?
No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.
Todos nosotros hemos sido educados en esta estúpida ideología: Siempre nos falta algo para estar completos, y sólo completos se puede gozar de lo que se tiene. Por lo tanto, nos enseñaron que la felicidad deberá esperar a completar lo que falta. Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida.
Pero qué pasaría si la iluminación llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe, que nuestras 99 monedas son el cien por ciento del tesoro, que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo cien que noventa y nueve, que todo es sólo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices o resignados. Una trampa para que nunca dejemos de empujar y que todo siga igual... 
¿Cuántas cosas cambiarían si pudiéramos disfrutar de nuestros tesoros tal como están?

lunes, 12 de diciembre de 2011

Todos queremos atencion, todos la necesitamos, todos nos creemos importantes y a la vez tan insignificante que ni las personas que queres se preocupan por vos, y por eso todos estamos solos, literalmente solos, bah no se si literal o superficial, porque fisicamente siempre tenes a alguien, pero, en verdad, estas solo. Los amigas, los seres queridos, la familia, la gente, no son mas que personas que nos hacen compania, pero en la vida en si, estas solo y te tenes a vos mismo y a nadie mas, y no es porque nadie se quiera o todos sean garcas, sino porque nadie se va a preocupar por vos, mas que vos, que vos mismo, es como esa frase hecha "si vos no te queres, quien te va a querer" y si es la verdad, sos la unica persona que se conoce bien, si es que te conoces realmente, la unica persona que se acepta y que va a aguantar todo cuanto hagas, nunca sabes lo que realmente piensa el otro de vos, porque ni vos lo sabes, siquiera. Entonces es una gran confusion, tan logica como la vida misma. Estamos solos. En este gran mundo, todos estamos solos. Porque nadie puede estar las 24 horas del dia con un persona, nadie se va a hacer cargo de tus problemas, porque tiene los suyos, nadie tiene todo el tiempo del mundo para dedicarle a otro, porque tampoco hay nadie que le dedique tiempo a esa persona, porque todos demandamos atencion, pero que atencion nos van a dar si nosotros mismos la estamos demandando. Es decir, queremos atencion pero no tenemos atencion para los demas. Entonces porque habria de una persona darte atencion, si nadie se la da a ella. Otra frase hecha es: "para recibir, hay que dar" y que vas a recibir, si nunca das. El ser humano es egoista por excelencia, el animal, en si, es egoista, por su instinto de supervivencia. Realmente, no creo que haya persona que antes de salvarse a ella, salve a otra, y no hablo en un caso de vida o muerte, porque a veces en las situaciones mas extremas es mas facil decidir, sino en cosas mas simples y cotidianas, todos y cada uno de nosotros, en algun momento, se prioriza asi mismo, lo cual, no esta mal, ya que en momentos debe ser asi, sino te pasan por arriba. Aquella persona que siempre se preocupa por el otro, termina siempre lastimado, porque nunca recibe nada acorde a lo que da, por eso hay que encontrar un equilibrio y el equilibrio estan complicado. Poque, a pesar de ser el ser humano un ser egoista, necesita del otro y es en comunidad, sin embargo, lo es porque le conviene, porque solo no sobrevive. Lo cual, no quita, que puedan haber vinculos y afectos, y que siempre van a haber personas, seres queridos que te ayuden y te acompañen a pasar los malos momentos, eso si, tenes que pedir ayuda, porque cada uno esta tan en la suya que esta pendiente de uno y se olvida del otro, no por ser egoista, sino por el simple hecho de que cada persona tiene su vida. Esa frase de personal malisima tiene tanta razon, "cada persona es un mundo", por ende, cada persona esta pendiente de su mundo y de que el mismo conviva en armonia con los demas. Bueh que me paso me puse filosofa, cheche se ve que te extraño jajaja. Pero la verdad es que, en primera instancia, estamos solos y nadie nos va a querer y a cuidar mas que nosotros mismos.

domingo, 4 de diciembre de 2011

domingo, 4 de septiembre de 2011

Sometimes it hurts instead

En serio tenia la gran, GRAN, esperanza de que no pasara porque esto complica muchisimo mas las cosas y no puedo explicar lo que siento, ni lo que duele, ni lo que molesta, ni lo horrible que es este sentimiento, porque te termina comiendo la cabeza, ya no entiendo, nunca entendi, pero ahora menos, no habia razon alguna, y me siento tan infantil y al mismo tiempo tan forra y tan cagona, porque tengo miedo, mucho miedo, sufro, de verdad que sufro, pero no puedo exteriorizar mis sentimientos, tanto que siempre me terminan ganando de mano, tanto que termino perdiendo todo, si es que alguna vez tuve algo, tanto que al final cualquier ilusion que pueda tener, termina muriendo en mi interior, enterrarndola en mis entrañas, enterrandola con el dolor de dejarla atras porque fue robada, enterrandola con otra, que ni sé para qué, si se va a repetir la historia, y asi pasan iluciones por mi ser, nunca contadas, y nunca nadie, mas que yo, las va a conocer, no con la fuerza que yo las conozco, y no por no quiera darlas a conocer, aunque a veces soy yo la que no se permite decirlas, pero si no, tambien, porque no creo que los demas tengan interes en saberlas, nadie, y es ese dolor punzante en la cabeza como si hubieran 17 años de cosas sin contar, sin decir, sin mostrar, finguiendo siempre que no pasa nada. No se si soy yo o los demas, pero ya comprendi que me cuesta muchisimo decir lo que realmente siento, lo que realmente quiero, porque tengo miedo, tengo miedo de jugarmela y perder, capaz necesito fracarsar realmente por una vez en mi vida, o sera que las pocas veces que me la jugue fracase y ya no lo puedo tolerar, no puedo tolerar el rechazo. Ni siquiera yo sabia que estaba tan mal, que esto me tenia tan mal, sin duda necesito un psicologo ya, no puedo seguir asi, y necesito conseguirme una persona que sea mi sosten, porque se que hay mucha gente que me quiere y me dice cosas lindas y me valora, y capaz no soy una persona que haya gente a la cual le caiga para orto, osea mal en serio, va eso es lo que creo, pero tampoco hay gente que me quiera posta, es como si solo causara en la gente cariño o indiferencia, preferiria a alguien causarle mucho odio hacia a mi y asi va haber a otro al cual le cause mucho amor, no se si se entiende, tampoco es lo que pretendo, solo quiero aclarar mis ideas, pero necesito de alguien mas, sé que lo necesito y me chupa que sea una moda, capaz por moda lo necesito, pero en este momento es lo que siento, esa necesidad insasiable y esa frustración cuando siempre terminan acaparando lo que, supuestamente, esta vez, era para vos y te terminan arrebatando todos esos sentimientos que nunca dijiste y así dejan de pertenecerte, como si fuera una patentación de sentimientos y alguien, más astuto, si se quiere, o garca, capaz, te ganó de mano.